Desnacionalización

NY Times dedica editorial a crisis de desnacionalización en RD: Stateless in the Dominican Republic

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Young girls at risk of being deported from the Dominican Republic. Credit Meridith Kohut for The New York Times

In 2013, the Dominican Republic’s highest court issued an unconscionable ruling that rendered tens of thousands of Dominican-born people of Haitian descent effectively stateless. Last year, the Dominican government, responding to international criticism, established a process that ostensibly offered them a path to be recognized as citizens. But because the application process was so onerous and poorly administered, tens of thousands of people remain in limbo, shunned in their homeland and unwelcome in neighboring Haiti.

The plight of the Dominican Republic’s stateless residents is a product of a complex history of the two nations that share the island of Hispaniola. It has been shaped over the decades by migration driven by fluctuating labor needs, the economic disparity between the countries and racism.

The citizenship process requires proof of birth in the Dominican Republic, which is an extremely difficult, if not impossible, requirement to meet for thousands of people of Haitian descent. Historically, as a result of racism, black people in the Dominican Republic, particularly those with Haitian ancestry, have struggled to get basic documents, including birth certificates and national identification cards, called cédulas.

Young girls at risk of being deported from the Dominican Republic. Credit Meridith Kohut for The New York Times
The Dominican government says it has identified roughly 55,000 people who have some sort of document to support their claims of Dominican birth. It received 8,755 applications from people who did not have any original documents. To qualify for citizenship, these people had to produce extensive documentation, including notarized letters, which human rights advocates say sets too high a bar. In an emailed statement to The Times, the State Department said it was “concerned that eligible individuals may not have had sufficient time and means” to get their citizenship claims evaluated before the government stopped accepting claims in February.

The United Nations High Commissioner for Refugees estimated in 2014 that the Dominican Republic was home to roughly 210,000 stateless people. Dominican officials argue, unconvincingly, that the number of people who applied for legal status suggests that such estimates are exaggerated. Preposterously, they contend that no one in the Dominican Republic meets the criteria of statelessness.

President Danilo Medina, who faces re-election next year, may be reluctant to take bold steps to regularize the status of Dominicans of Haitian ancestry since many Dominicans see Haitian immigrants and their children as burdens and do not consider them compatriots.

Yet it is imperative that Mr. Medina’s administration live up to its promise not to carry out mass deportations while the citizenship and immigration status of so many people remain uncertain.

People born in the Dominican Republic should not be treated as immigrants there. The government needs to do right by them and come up with a better, fairer registration system. A basic first step would be to acknowledge the magnitude of the problem.

 

Texto en español  

 

En 2013, el máximo tribunal de la República Dominicana emitió una sentencia inconcebible que determinó que decenas de miles de personas nacidas en la República Dominicana de ascendencia haitiana quedarán apátridas. El año pasado, el gobierno dominicano, en respuesta a las críticas internacionales, estableció un proceso  en el que  supuestamente les ofreció un camino para ser reconocidos como ciudadanos. Pero debido a que el proceso de solicitud era tan onerosos y mal administrado, decenas de miles de personas permanecen en el limbo, rechazado en su patria y no deseado en la vecina Haití.

La difícil situación de los residentes apátridas de la República Dominicana es un producto de una compleja historia de las dos naciones que comparten la isla La Española. Se ha ido formando  durante décadas por la migración impulsada por la fluctuación de las necesidades de mano de obra, la disparidad económica entre los países y el racismo.

El proceso de re-adquisición de la ciudadanía requiere aportar pruebas de nacimiento en la República Dominicana,  para miles de personas de ascendencia haitiana ha sido extremadamente difícil, si no imposible cumplir con estos requisitos. Históricamente, como consecuencia del racismo, la gente negra en la República Dominicana, particularmente aquellos con ascendencia haitiana, han tenido dificultades para obtener documentos básicos, incluyendo certificados de nacimiento y documentos de identidad, llamados cédulas.

El gobierno dominicano dice que ha identificado aproximadamente 55.000 personas que tienen algún tipo de documento para apoyar sus demandas de nacimiento dominicana. Recibió 8.755 solicitudes de personas que no tenían ningún documento original. Para calificar para la ciudadanía, estas personas tenían que producir una amplia documentación, incluyendo cartas notariadas, que los defensores de derechos humanos dicen que tiene un alto costo. En un comunicado enviado por correo electrónico a The Times, el Departamento de Estado dijo que estaba “preocupado de que las personas elegibles pueden no haber tenido suficiente tiempo y medios” para conseguir sus demandas de ciudadanía evaluados antes de que el gobierno dejó de aceptar las reclamaciones en febrero.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados estimó en 2014 que la República Dominicana podría ser  el hogar de aproximadamente 210.000 personas apátridas. Funcionarios dominicanos argumentan, de forma poco convincente, que el número de personas que solicitó la condición legal sugiere que tales estimaciones son exageradas. Absurdamente, sostienen que nadie en la República Dominicana cumple con los criterios de apatridia.

El presidente Danilo Medina, quien se enfrenta a la reelección el próximo año, pueden ser reacio a tomar medidas audaces para regularizar la situación de los dominicanos de ascendencia haitiana, ya que muchos dominicanos ven  inmigrantes haitianos y sus hijos como una carga y no consideran los compatriotas.

Sin embargo, es imperativo que la administración del Sr. Medina se coloque a la altura de su promesa de no llevar a cabo las deportaciones en masa, mientras que la ciudadanía y el estatus migratorio de muchas personas siguen siendo inciertos.

Las personas nacidas en la República Dominicana no deben ser tratados como inmigrantes allí. El gobierno tiene que hacer lo correcto por ellos y llegar a un más justo sistema de registro. Un primer paso básico sería reconocer la magnitud del problema.
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