Desnacionalización/Identidad/Lucha No Violenta/Solidaridad Internacional

Reafirmar nuestra esperanza y convicción

Anthony Stevens-Acevedo

Anthony Stevens-Acevedo

Escrito por Anthony Stevens-Acevedo

Tomando en cuenta que se supone que la mayoría de los dominicanos son en alguna forma cristianos o creyentes del cristianismo (en sus múltiples denominaciones y advocaciones), aprovecho esta víspera del Domingo de Resurrección cristiano para desearles a todos los dominicanos de padres o antepasados extranjeros –ahora desnacionalizados por nuestros otros compatriotas dominicanos cristianos pero xenófobos y ultra-nacionalistas (y controladores del poder político dominicano hasta el día de hoy)—que persistan en la esperanza de justicia, que persistan en la confianza de que los otros dominicanos que creemos en la igualdad de dignidad ante la ley, en la igualdad de derechos dentro de la etnia-nación dominicana formada por los que nacen y se socializan dentro de la cultura o etnicidad dominicana, seamos cristianos, de otra cualquier religión, agnósticos, o ateos, los seguiremos acompañando y apoyando en esta reivindicación justa, democrática, y de nuestro tiempo, hasta que sea necesario, sea incluso hasta lo que algunos llaman “el fin de los días”, porque esta desnacionalización rompe y hace añicos la esencia misma de la noción de solidaridad que tiene que estar en la base de toda nacionalidad en el mundo en que vivimos.

Los que quieren crear retroactivamente una República Dominicana partida en dos clases legalizadas de dominicanos tendrán que convencerse de que han montado una ideología de la nacionalidad desfasada, injusta, discriminadora, históricamente irresponsable e insana, y si no se convencen de su equivocación y la abandonan, estoy seguro de que entonces, tarde o temprano, tendrán que presenciar cómo los dominicanos más históricamente responsables y más comprometidos con la dignidad humana serán cada vez más y los dejarán de lado en sus retrógradas y divisorias pretensiones, solos en su propio caldo de miedo, de prejuicio y de enojo político totalmente mal orientado, en medio de un mundo que avanza en búsqueda de derechos crecientes para todos.

Aprovechemos el Domingo de Resurrección cristiano, que en sí se supone que es un llamado a la reafirmación de la solidaridad hacia el futuro, para renovar entre todos, cristianos o no, nuestra convicción colectiva de que esa solidaridad, bajo un concepto de nacionalidad moderna, la acabaremos logrando, aunque se nos vaya la vida en el empeño

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